Persona tomando el sol en la playa

Problemas por tomar el sol en exceso

Llega el buen tiempo, las terrazas, las playas y las piscinas, y con todo ello la tentación de pasar largas horas al sol. Es indudable que el sol tiene beneficios: nos pone de buen humor, ayuda a sintetizar vitamina D y favorece nuestros ritmos biológicos. Pero, como casi todo, el exceso pasa factura, y en el caso del sol esa factura puede ser muy seria.

En este artículo te contamos qué le ocurre a la piel cuando se expone demasiado, qué problemas pueden aparecer a corto y a largo plazo, y qué hábitos sencillos te permiten disfrutar del verano de forma segura.

Qué es la radiación solar

El sol emite varios tipos de radiación. La que afecta directamente a nuestra piel y nuestros ojos es la radiación ultravioleta (UV), que se divide en:

– UVA: representa el 95% de la UV que llega a la superficie. Penetra hasta la dermis, es la principal responsable del fotoenvejecimiento (arrugas, manchas, pérdida de elasticidad) y contribuye al riesgo de cáncer cutáneo. Está presente todo el año, incluso en días nublados.

– UVB: es la principal causante de las quemaduras solares y tiene un papel importante en el desarrollo de cánceres de piel. Es más intensa en verano, entre las 12 y las 16 horas.

– UVC: la más peligrosa, pero la capa de ozono nos protege casi totalmente de ella.

Problemas inmediatos del exceso de sol

– Quemadura solar: aparece a las pocas horas. La piel se pone roja, caliente, dolorosa y, en casos más serios, se forman ampollas. Cada quemadura, especialmente en la infancia, eleva el riesgo de cáncer de piel en el futuro.

– Insolación y golpe de calor: dolor de cabeza, mareo, náuseas, fatiga intensa y temperatura corporal elevada. Pueden ser peligrosos en niños, ancianos y personas con problemas cardiovasculares.

– Erupciones lumínicas: en pieles sensibles aparecen pequeños granitos rojos y picor en zonas expuestas. La llamada "alergia al sol" suele desaparecer al cabo de unos días.

– Fotosensibilidad por medicamentos: algunos fármacos (ciertos antibióticos, diuréticos, antiinflamatorios, retinoides orales, anticonceptivos hormonales) aumentan la sensibilidad al sol y pueden provocar manchas o quemaduras incluso con exposiciones cortas. Si tomas medicación, consulta en la farmacia.

– Deshidratación: la sudoración intensa hace perder agua y sales minerales.

Consecuencias a largo plazo

– Fotoenvejecimiento: arrugas profundas, pérdida de elasticidad, piel apagada, manchas pigmentarias, dilatación de capilares. Una piel muy expuesta al sol envejece visiblemente más rápido que otra protegida.

– Lentigos solares: manchas pardas que aparecen sobre todo en cara, dorso de manos, escote y hombros. Son inofensivas, pero molestan estéticamente y son señal de daño solar acumulado.

– Queratosis actínicas: manchas ásperas y descamativas en zonas muy expuestas. Se consideran lesiones precancerosas y requieren tratamiento dermatológico.

– Cáncer cutáneo no melanoma: carcinomas basocelular y espinocelular. Suelen aparecer en cara, orejas, cuero cabelludo. Tienen buen pronóstico si se detectan pronto.

– Melanoma: el más serio de los cánceres de piel. Aunque menos frecuente, su incidencia ha aumentado en las últimas décadas y se relaciona, entre otros factores, con la exposición solar intermitente intensa y con las quemaduras de la infancia.

– Cataratas y daño ocular: el sol también afecta al cristalino y a la retina. El uso de gafas con protección UV es fundamental.

Cómo protegerse correctamente

– Evita las horas centrales: entre las 12 y las 16 horas la radiación UV es máxima. Procura no exponerte en ese intervalo.

– Usa fotoprotector adecuado: SPF 30 mínimo, mejor SPF 50 en pieles claras, en niños o en zonas de alta radiación. Que sea de amplio espectro (UVA + UVB) y, si vas a entrar al agua, resistente al agua.

– Aplica cantidad suficiente: la dosis correcta para un adulto es de unos 30-40 ml por aplicación corporal, equivalente a 2 mg/cm² de piel. Casi nadie pone tanto, por eso la protección real suele ser menor de la indicada.

– Reaplica cada 2 horas y siempre después del baño, del sudor o de secarse con toalla.

– Aplícalo 20-30 minutos antes de la exposición para que se absorba bien.

– Cuida zonas olvidadas: orejas, nuca, cuero cabelludo (sobre todo si hay calvicie), empeines, párpados, labios, dorso de manos.

– Usa ropa adecuada: sombrero de ala ancha, camiseta clara y de tejido tupido, gafas con protección UV homologada.

– Busca la sombra: sobrillas, árboles, terrazas con techo. Recuerda que la arena, el agua y la nieve reflejan la radiación.

– Hidrátate: bebe agua a lo largo del día, incluso sin sed.

– Educa a los niños: los menores de 6 meses no deben exponerse al sol directo. A partir de esa edad, fotoprotector pediátrico, ropa adecuada y sombra son la base.

Después del sol

– Refresca la piel: ducha con agua templada al final del día, sin frotar y secando con toques suaves.

– Hidrata bien: after-sun rico en aloe vera, ácido hialurónico, pantenol y antioxidantes. Aplica generosamente.

– Bebe agua: la piel y todo el organismo agradecen la rehidratación.

– Observa tu piel: si has notado quemaduras, mantén la zona fresca, aplica aftersun varias veces al día y, si hay ampollas, fiebre o malestar, consulta.

Autoexploración: regla del ABCDE

Una buena costumbre es revisar la piel periódicamente y, sobre todo, fijarse en los lunares. La regla ABCDE ayuda a detectar señales sospechosas:

A — Asimetría: mitades distintas.

B — Bordes: irregulares o mal definidos.

C — Color: varios tonos en el mismo lunar.

D — Diámetro: mayor de 6 mm.

E — Evolución: cambios de aspecto, picor, sangrado, costras.

Ante cualquier duda, acude a tu dermatólogo. La detección precoz salva vidas.

Vitamina D: el otro lado de la balanza

El sol también es necesario para que sintetizemos vitamina D. No hay contradicción con lo anterior: pequeñas exposiciones diarias (10-15 minutos en cara y brazos, fuera de las horas centrales) son suficientes en la mayoría de personas. Para quien no pueda exponerse o para quien tenga déficits demostrados en análisis, la suplementación oral es una buena alternativa.

En la farmacia

En la Farmacia Linneo encontrarás una amplia gama de fotoprotectores adaptados a cada tipo de piel, edad, deporte o necesidad: solares pediátricos, anti-manchas, oil-control, después-sol, suplementos de vitamina D y betacarotenos preparadores. Te aconsejamos sin prisa el producto más adecuado. El sol con cabeza es uno de los mejores aliados del verano; el sol sin precauciones, uno de sus mayores riesgos.

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