Otitis externa: por qué aparece y cómo evitarla

Empieza el verano y, con él, las visitas al pediatra o al médico de familia por un cuadro que se repite cada año con una puntualidad casi cómica: un niño que ha pasado la tarde nadando en la piscina y a las pocas horas se queja de dolor de oído. Es la temida otitis externa, conocida coloquialmente como "otitis del nadador" o "otitis del bañista". Aunque suele asociarse a piscinas y verano, también es muy frecuente en personas que practican deportes acuáticos durante todo el año (surfistas, nadadores, buceadores) y, paradójicamente, en gente que se limpia los oídos demasiado a fondo con bastoncillos. En esta entrada del blog de la Farmacia Linneo queremos explicarte por qué aparece, cómo distinguirla de otros dolores de oído, qué tratamiento necesita y, sobre todo, cómo prevenirla.

Anatomía rápida del oído

Para entender la otitis externa conviene situar dos partes del oído. El conducto auditivo externo es el tubo que va desde el pabellón auricular (la oreja) hasta el tímpano. Mide unos dos o tres centímetros, está revestido de piel y, en su parte más externa, produce cerumen (la cera del oído), un material amarillento, ligeramente ácido y antibacteriano que tiene una función protectora muy importante: forma una capa hidrofóbica, ligeramente ácida (pH ~6,5), que mantiene la humedad alejada y dificulta el crecimiento de bacterias y hongos.

Cuando esa barrera natural se debilita —ya sea porque se elimina con bastoncillos, porque se ablanda por exposición prolongada al agua o porque se altera por un pH inadecuado (agua de piscina muy clorada, por ejemplo)— el conducto se vuelve vulnerable. Si encima queda humedad atrapada, las bacterias y los hongos prosperan rápidamente. Resultado: otitis externa, infección difusa del conducto auditivo externo.

La otitis externa no debe confundirse con la otitis media, mucho más típica en niños pequeños, que es una infección del oído medio (el espacio detrás del tímpano) generalmente secundaria a un resfriado o una infección respiratoria. La otitis media no se relaciona con el baño y se trata de forma diferente.

Síntomas: cómo reconocer una otitis externa

Los signos clásicos son inconfundibles. Dolor de oído que aumenta al tocar el pabellón o al estirar suavemente del lóbulo hacia abajo (signo del trago: si presionas el pequeño cartílago delante del orificio del oído, el dolor se dispara, es muy característico de otitis externa). Sensación de oído lleno, taponado. Picor intenso en el conducto. Secreción a veces (al inicio acuosa, después purulenta, amarillenta o blanquecina). Disminución de la audición por la hinchazón del conducto. En casos avanzados, también fiebre moderada y adenopatías (ganglios inflamados) cerca de la oreja.

El dolor suele ser muy intenso, sobre todo en niños, y empeora notablemente con la masticación o al apoyar la cabeza sobre el oído afectado. Esa es una buena pista para diferenciarla de un cólico nefrítico, una caries dental dolorosa o una neuralgia del trigémino que a veces se confunden.

Factores que aumentan el riesgo

Algunos comportamientos y situaciones disparan la incidencia de otitis externa:

Baños prolongados o frecuentes, especialmente en piscinas, donde el cloro altera la flora natural del conducto y la temperatura del agua es a menudo distinta de la corporal.

Uso excesivo de bastoncillos de algodón ("hisopos") para limpiar los oídos: una de las causas más importantes. Los bastoncillos no solo no limpian, sino que empujan el cerumen hacia dentro (formando tapones), eliminan la capa protectora superficial y, al rascar la piel del conducto, abren pequeñas heridas por donde entran las bacterias. Tu oído se autolimpia: el cerumen migra naturalmente hacia fuera arrastrando partículas. Lo único que necesita limpieza es la oreja externa, con una toalla durante la ducha.

Conducto auditivo estrecho (anatomía variable): algunas personas tienen el conducto más estrecho que la media y son más propensas a otitis recurrentes.

Dermatitis seborreica, eccema o psoriasis del conducto: la inflamación crónica predispone a infecciones.

Tapones de cerumen impactados: si tienes un tapón, retira con suero salino o consulta a la farmacia o al médico, no fuerces con un bastoncillo.

Uso de tapones de protección mal limpiados: si usas tapones para nadar o ruido, lávalos y déjalos secar completamente entre usos.

Aparatos auditivos o auriculares intracanal usados muchas horas seguidas.

Diabetes o inmunosupresión: las personas inmunodeprimidas pueden desarrollar formas graves (otitis externa maligna o necrotizante) que requieren tratamiento urgente.

Tratamiento: lo que necesita el oído infectado

La otitis externa requiere casi siempre tratamiento médico, especialmente si hay dolor importante. No es algo que convenga manejar "a ciegas" en casa porque el tratamiento básico son gotas óticas que pueden contener antibióticos, corticoides o antifúngicos según el agente responsable. Acude al médico para que examine el conducto y prescriba lo adecuado.

Los tratamientos habituales incluyen:

Gotas óticas antibióticas (ciprofloxacino, neomicina-polimixina) con o sin corticoide asociado. Se aplican varias veces al día durante 7-10 días según la pauta médica. La técnica de aplicación es importante: el paciente debe tumbarse de lado con el oído afectado hacia arriba, calentar el frasco unos segundos entre las manos (las gotas frías producen mareo), tirar suavemente del pabellón hacia atrás y arriba para enderezar el conducto, instilar las gotas indicadas y mantener la posición unos minutos antes de incorporarse.

Analgésicos orales: paracetamol o ibuprofeno para controlar el dolor en las primeras 48-72 horas, hasta que las gotas hagan efecto. En adultos, el dolor a veces es muy intenso y un ibuprofeno cada 8 horas alivia significativamente.

Limpieza del conducto: en otitis severas con mucha secreción, el médico u otorrinolaringólogo puede aspirar el contenido del conducto para que las gotas penetren mejor.

Evitar mojar el oído durante al menos 7-10 días: nada de piscina, nada de bañera, ducha con tapones específicos o con un algodón impregnado en vaselina.

En casos resistentes, recurrentes o en personas inmunodeprimidas, puede ser necesario un cultivo del exudado para identificar el germen responsable y ajustar el tratamiento.

Prevención: lo que sí funciona

La prevención de la otitis externa es muy efectiva si se siguen unas pocas medidas:

1) No te limpies los oídos con bastoncillos. Es la regla número uno y la que más cuesta a algunas personas aceptar. Tu oído no necesita esa limpieza interna; las orejas externas y la entrada del conducto se lavan con la mano y una toalla durante la ducha.

2) Seca bien los oídos después de bañarte. Inclina la cabeza a cada lado para vaciar el agua atrapada. Usa la esquina de una toalla limpia (sin meter, solo absorbiendo en la entrada). El secador de pelo a temperatura baja y a distancia, durante un minuto en cada oído, ayuda a evaporar la humedad residual.

3) Tapones de natación en bañistas habituales o niños propensos. Los hay de silicona blanda moldeable y muy cómodos. Limpiar con agua y jabón después de cada uso y secarlos bien antes de guardarlos.

4) Gotas óticas preventivas de alcohol-ácido bórico o de vinagre blanco diluido al 50% en alcohol isopropílico: aplicadas tras el baño, ayudan a mantener el pH ácido y la sequedad del conducto. Hay productos comerciales en farmacia (Otocerum, Cerumenex) específicos para esta función.

5) Quítate los pendientes que rocen el conducto si tienes irritación.

6) No metas objetos en el oído: ni llaves, ni horquillas, ni la punta del bolígrafo, ni tampoco los dedos. Cualquier objeto en el conducto puede provocar daño o infección.

Especial atención en niños

Los niños son víctimas habituales por dos razones: pasan muchas horas en piscinas y playas, y tienen un conducto auditivo más estrecho y angulado que los adultos, lo que dificulta el drenaje. Si tu hijo tiene episodios repetidos cada verano, prevenir es la mejor inversión: tapones específicos para natación, secado cuidadoso tras cada baño y, si los episodios son muy recurrentes, consultar con el otorrinolaringólogo para que descarte una anomalía anatómica que pueda corregirse.

Cuándo acudir a urgencias

La otitis externa habitual se trata en consulta ambulatoria. Sin embargo, conviene acudir a urgencias si: el dolor es muy intenso y no responde a analgésicos, hay fiebre alta (>38,5°C) con afectación general, hay hinchazón importante del pabellón o de la zona detrás del oído (puede ser una mastoiditis o una otitis externa maligna), el paciente es diabético o inmunodeprimido, o si no hay mejoría tras 48-72 horas de tratamiento bien aplicado.

En la Farmacia Linneo disponemos de productos preventivos (gotas óticas, tapones de natación, soluciones secantes) y de los antibióticos y analgésicos que tu médico te haya prescrito. Ven a vernos antes de que aparezcan los problemas: una prevención sencilla durante el verano puede ahorrarte un episodio doloroso, días de baja, antibioterapia y prohibición de baño justo en el peor momento del año. Disfruta del agua sin que el oído te dé un susto.

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