La gota, una enfermedad muy navideña

Históricamente conocida como la "enfermedad de los reyes" porque afectaba sobre todo a personas con acceso constante a alimentos ricos y vino abundante, la gota es probablemente la artritis inflamatoria más antigua descrita en la literatura médica. Ya Hipócrates en el siglo V a.C. la diagnosticaba con precisión y le dedicaba aforismos enteros. Hoy sabemos que es una enfermedad metabólica provocada por el acúmulo de cristales de ácido úrico en las articulaciones, y curiosamente sigue teniendo un patrón muy estacional: los ataques se concentran de manera llamativa entre los meses de diciembre y enero, coincidiendo con las celebraciones navideñas. Si eres propenso a la gota o tienes el ácido úrico alto, este artículo del blog de la Farmacia Linneo te interesa especialmente.

Qué es la gota

La gota es una artritis microcristalina: una inflamación articular causada por la precipitación de cristales de urato monosódico en la cavidad articular. El urato es la sal del ácido úrico, un producto final del metabolismo de las purinas, sustancias naturales presentes en muchísimos alimentos y también en las propias células de nuestro organismo (cuando se renuevan, liberan purinas).

En condiciones normales, el ácido úrico producido se elimina por el riñón a través de la orina y, en menor medida, por el intestino. Cuando la producción es excesiva o la eliminación es insuficiente, los niveles de ácido úrico en sangre se elevan: es lo que llamamos hiperuricemia, definida habitualmente como uricemia >7 mg/dL en hombres y >6 mg/dL en mujeres. A partir de cierta concentración, el ácido úrico precipita en forma de cristales en aquellos lugares del cuerpo donde la temperatura es más baja y el flujo de líquido más lento: típicamente, las articulaciones distales (dedo gordo del pie, tobillo, rodilla, dedos de la mano).

El ataque de gota: cómo se presenta

El ataque clásico es inconfundible. Aparece de forma repentina, muy a menudo durante la noche, despertando al paciente con un dolor articular intensísimo. La articulación afectada con más frecuencia es la del dedo gordo del pie (lo que los clásicos llamaban podagra) hasta en el 75% de los primeros ataques. La zona se hincha, se enrojece, se calienta, y la piel suprayacente puede estar tan tensa y brillante que apenas tocarla con la sábana resulta insoportable. Camionar es imposible, ponerse un zapato igual.

El dolor alcanza su intensidad máxima en 12-24 horas y, si no se trata, dura entre 5 y 10 días antes de remitir espontáneamente. Tras el episodio, la articulación queda algo descamada y puede tener una coloración violácea unos días, pero recupera completamente la movilidad. Sin tratamiento de mantenimiento, los ataques se repiten con frecuencia creciente y, con los años, pueden afectar a varias articulaciones a la vez, dejar tofos (acúmulos visibles de cristales bajo la piel) y producir daño articular permanente.

Por qué la Navidad es un disparador

Hay tres razones principales por las que los ataques se concentran en torno a las fiestas:

1) Alimentos ricos en purinas. La mesa navideña española es un festival de purinas: mariscos (gambas, langostinos, cigalas, nécoras, percebes), vísceras (foie gras, mollejas, sesos, riñones), caza (perdiz, codorniz, jabalí), carnes rojas (cordero, ternera asada), embutidos (jamón ibérico, chorizo, sobrasada), y pescados azules como anchoas y sardinillas. Todos estos alimentos aportan grandes cantidades de purinas que el organismo metaboliza a ácido úrico. Una sola cena con mariscos y vinos puede multiplicar varias veces la uricemia habitual.

2) Alcohol abundante. El alcohol —especialmente la cerveza y los licores fuertes, aunque también el vino tinto en exceso— eleva el ácido úrico por dos vías: aumenta la producción y, sobre todo, disminuye la excreción renal (el ácido láctico generado al metabolizar el alcohol compite con el ácido úrico por los mismos transportadores tubulares del riñón). La cerveza, además, contiene purinas propias del proceso de fermentación.

3) Deshidratación relativa. Las cenas largas, las salas calefactadas, el alcohol que aumenta la diuresis, y a veces el cambio de rutina horaria con menos consumo de agua y más bebidas alcohólicas, llevan a una deshidratación moderada que concentra el ácido úrico en sangre y favorece la precipitación de cristales.

El cóctel "marisco + cordero + cava + vino + sobremesa con licor + poca agua + cama tarde" reúne todos los factores de riesgo para que, esa noche o la siguiente, despiertes con un pie ardiendo de dolor.

Quién está en riesgo

La gota es más frecuente en hombres mayores de 40 años, aunque también afecta a mujeres, especialmente tras la menopausia (los estrógenos protegen frente a la hiperuricemia, y al desaparecer en la menopausia se iguala el riesgo entre sexos). Otros factores predisponentes son:

Antecedentes familiares de gota (componente genético importante). Sobrepeso y obesidad. Síndrome metabólico (hipertensión, diabetes, dislipidemia). Insuficiencia renal o reducción de la función renal por la edad. Algunos medicamentos: diuréticos tiazídicos, dosis bajas de aspirina, ciclosporina, niacina, levodopa. Dieta habitualmente rica en purinas y alcohol. Sedentarismo.

Qué hacer si tienes un ataque

Ante un ataque agudo, el objetivo es controlar el dolor y la inflamación lo antes posible. Las opciones son:

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE): ibuprofeno, naproxeno, indometacina. Eficaces si se inician en las primeras 24 horas. Hay que tener precaución en pacientes con enfermedad renal, gastritis o úlcera, anticoagulación o problemas cardiovasculares.

Colchicina: medicamento clásico para la gota, muy efectivo si se inicia precozmente. Las pautas modernas usan dosis bajas para evitar la diarrea típica de la colchicina a dosis altas.

Corticoides: prednisona oral en pauta corta o infiltración intraarticular del articulación afectada si solo es una. Reservados para pacientes que no pueden tomar AINE ni colchicina.

Frío local: aplicar hielo envuelto en una toalla sobre la articulación 15 minutos varias veces al día. Reduce el dolor y la inflamación.

Reposo y elevación: mantén el pie en alto, evita apoyar la articulación afectada, no la "fuerces" pensando que con movimiento mejorará: solo empeora.

Es importante que el tratamiento del ataque agudo lo paute siempre un médico, especialmente si es el primer episodio: hay que confirmar el diagnóstico para descartar otras causas de artritis aguda (infecciosa, traumática, otras artritis microcristalinas como la pseudogota).

Cómo prevenir un ataque navideño

Si tienes diagnóstico de gota o hiperuricemia, hay mucho que puedes hacer para llegar a las fiestas sin sobresaltos:

Mantén tu tratamiento crónico: si estás con alopurinol, febuxostat o cualquier hipouricemiante prescrito, no lo abandones durante las fiestas. Muchos pacientes hacen "vacaciones" de la medicación que les llevan directos al ataque.

Modera, no elimines, las purinas: permítete pequeñas dosis de los alimentos navideños prohibidos pero no abuses. Una gambita en el aperitivo no es lo mismo que una mariscada completa. Disfruta de raciones moderadas.

Limita el alcohol: idealmente, ninguno. Si vas a beber, prefiere vino tinto con moderación frente a cerveza o licores fuertes. Alterna con agua o agua con gas.

Bebe agua: dos litros diarios mínimo, y aún más si vas a comer y beber en cantidad. El agua ayuda al riñón a eliminar ácido úrico.

Mantén el peso: las fiestas no son momento de hacer dieta, pero tampoco de coger cinco kilos. Un poco de paseo después de las comidas y porciones controladas marcan diferencia.

No olvides las verduras: aunque sorprenda, hay verduras ricas en purinas (espinacas, espárragos, champiñones, coliflor) que pueden consumirse libremente; los estudios modernos han demostrado que las purinas vegetales no aumentan el riesgo de gota como sí lo hacen las animales.

Frutas con vitamina C: cerezas, kiwi, naranja, fresa, pomelo. La vitamina C ayuda a reducir la uricemia y las cerezas tienen un efecto específico antiinflamatorio probado.

Lácteos desnatados: son cardio-protectores y se asocian a menos ataques de gota.

Café: sorprendentemente, el café (con moderación) se asocia a menor riesgo de gota.

Más allá de las fiestas

La gota no es solo un problema de Navidad. Es una enfermedad crónica que merece seguimiento médico habitual. Quien ha tenido un ataque, casi seguro tendrá más si no toma medidas. La hiperuricemia mantenida se asocia, además, a mayor riesgo cardiovascular, mayor incidencia de hipertensión y mayor probabilidad de litiasis renal úrica. Por tanto, la gota no es una rareza ni un castigo divino por comer mucho: es una enfermedad sistémica con un manejo medicamentoso y dietético muy bien establecido.

En la Farmacia Linneo dispensamos toda la gama de medicamentos para la gota (alopurinol, febuxostat, colchicina) y podemos ayudarte a entender tu tratamiento, los efectos secundarios y las interacciones. Si estás cerca de la fiestas y has tenido ataques previos, te aconsejamos pasar por la farmacia un par de semanas antes para revisar tu medicación, valorar si conviene tener colchicina preparada en casa por si surge un ataque, y repasar las pautas dietéticas. La Navidad puede ser feliz también para tu pie gordo: solo hace falta un poquito de previsión.

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