Evita la sequedad del cabello

Si alguna vez has pasado los dedos por las puntas del pelo y has notado esa sensación áspera, como de paja, si has visto que el cepillo se llena de pelitos rotos o si te has mirado al espejo y has descubierto un cabello apagado, sin brillo, encrespado y difícil de peinar... probablemente sufres de sequedad capilar. Es uno de los problemas más frecuentes en los cabellos largos y teñidos, sobre todo en otoño e invierno, cuando las calefacciones secan el ambiente, y también en verano, cuando el sol, la sal y el cloro de la piscina castigan sin tregua. La buena noticia es que el cabello seco no es un destino irreversible: con la rutina adecuada, los productos correctos y unos cuantos hábitos sensatos, se puede recuperar la suavidad, el brillo y la elasticidad. En esta entrada del blog de la Farmacia Linneo te explicamos cómo.

Por qué se reseca el pelo

El cabello es, biológicamente, una estructura muerta. Solo está vivo en la raíz, donde se forma; lo que vemos crecer es tejido inerte compuesto fundamentalmente por queratina, una proteína fibrosa, recubierta por una capa de cutícula en forma de pequeñas escamas superpuestas. Cuando la cutícula está sana, esas escamas están cerradas y planas, reflejan la luz y dan al pelo el aspecto brillante y sedoso que asociamos a un cabello cuidado. Cuando la cutícula está dañada, las escamas se levantan, se separan, el pelo pierde brillo, se vuelve poroso, retiene mal el agua y se nota seco al tacto.

Las causas que dañan la cutícula son muchas: el secador a temperatura demasiado alta, las planchas y rizadores, los tintes con amoniaco, las decoloraciones, los lavados frecuentes con agua muy caliente, el sol, el viento, el cloro de la piscina, la sal del mar, los champús agresivos con sulfatos potentes, el cepillado en seco o con cepillos inadecuados, las gomas elásticas que tiran del cabello, la fricción contra fundas de almohada de algodón rugoso o, simplemente, las puntas que llevan años sin cortarse y han ido acumulando estrés.

Cómo reconocer el grado de daño

Antes de elegir productos, conviene saber qué tipo de pelo seco tenemos. Hay varios grados:

Sequedad leve: el pelo se ve algo más apagado de lo normal, las puntas se notan ásperas, pero al humedecerlo recupera elasticidad. Suele ser sequedad estacional o por una mala temporada de tratamientos térmicos.

Sequedad moderada: el pelo está apagado en toda su longitud, encrespado, difícil de desenredar después del lavado. Las puntas están claramente quebradas. Suele acompañar a tintes regulares o a uso muy frecuente de plancha.

Sequedad severa o pelo dañado: el cabello tiene puntas abiertas en abanico, áreas claras (pajizas) y mate, fragilidad evidente —se rompe al cepillarlo— y elasticidad casi nula. Generalmente es consecuencia de decoloraciones, alisados químicos o exposición acumulada.

El champú: la base de todo

Cambiar el champú es el primer paso. Busca uno específico para cabello seco, deshidratado o dañado. Las características clave: sin sulfatos agresivos (evita SLS y SLES como primer ingrediente; busca tensoactivos suaves derivados del coco o aminoácidos), con aceites o mantecas vegetales (argán, coco, karité, ricino, almendras), con proteínas hidrolizadas (queratina, seda, trigo) que rellenan los huecos de la cutícula, y con humectantes como glicerina o pantenol.

Lava el pelo con menos frecuencia de la habitual: en cabellos secos, lavar cada dos o tres días es suficiente, y dos veces por semana también puede funcionar dependiendo del estilo de vida. Aplica el champú sobre el cuero cabelludo, no sobre las puntas (que se lavarán solas con el agua del aclarado). Y, sobre todo, no laves con agua caliente: el agua templada, casi fría hacia el final, cierra la cutícula y mantiene el brillo.

Acondicionador y mascarilla: imprescindibles

El acondicionador es obligatorio en cabellos secos, y conviene aplicarlo en cada lavado. Se distribuye por las medias y puntas (nunca en la raíz), se deja actuar dos o tres minutos y se aclara con agua templada. Su función es sellar la cutícula y aportar deslizamiento para que el cepillado posterior no rompa el pelo.

La mascarilla nutritiva es el tratamiento intensivo: se usa una o dos veces por semana, según el grado de sequedad. Aplica una capa generosa en medias y puntas, deja actuar al menos quince minutos (mejor cubriendo el pelo con una toalla caliente para que el calor abra la cutícula y deje entrar los activos) y aclara abundantemente. Los ingredientes que buscas en una mascarilla son los mismos que en el champú: aceites vegetales, mantecas, proteínas, ceramidas, ácido hialurónico y aminoácidos.

El secado: el momento crítico

El cabello mojado es muchísimo más frágil que el seco. Las técnicas que castigan más al pelo durante el secado son las que más daño acumulado producen. Tres reglas de oro:

1) No frotes con la toalla. Envuelve el pelo en una toalla de microfibra o, mejor aún, en una camiseta de algodón vieja: ambas son más suaves que una toalla rizada normal y producen menos fricción. Presiona con suavidad para absorber el agua, no frotes.

2) Desenreda con cuidado. Usa un peine de púas anchas (nunca un cepillo redondo en pelo mojado), empezando por las puntas y subiendo poco a poco hacia la raíz. Si el pelo está muy enredado, aplica un acondicionador sin aclarado o un sérum desenredante antes.

3) Secador a temperatura media. Evita el aire caliente al máximo. Empieza con el pelo escurrido al 70% (déjalo secarse al aire un rato), trabaja a temperatura media-baja, mantén el secador a unos 15-20 cm de distancia, no dirijas el aire desde el medio hacia la raíz (eso levanta la cutícula) sino siempre de raíz a puntas. Al final, una pasada con aire frío sella la cutícula y aporta brillo.

Planchas y rizadores: usar con sensatez

Si vas a usar plancha o rizador, hay reglas que cuidan el pelo: aplica siempre un protector térmico antes (en spray o crema), trabaja a una temperatura máxima de 180-190°C (mucha gente se pasa a 220°C creyendo que da mejor resultado, y solo consigue acelerar el daño), no insistas más de dos o tres segundos en la misma sección, deja descansar el pelo varios días si lo has tratado térmicamente.

Hábitos diarios que ayudan

Más allá de los productos, ciertos hábitos protegen mucho el pelo a largo plazo:

Usa fundas de almohada de seda o satén: producen mucha menos fricción que el algodón mientras duermes. Una alternativa más económica es recogerse el pelo en un moño suave antes de dormir.

Recoge el pelo con gomas de tela o scrunchies en vez de gomas elásticas convencionales, que tiran y rompen.

En verano, usa aceite protector solar capilar en la playa y enjuaga el pelo con agua dulce inmediatamente después del baño.

En invierno, una gorra o pañuelo protege del frío y del viento secos.

Bebe agua, come pescados grasos, frutos secos, semillas, aguacate, huevo. Una dieta rica en omega-3, biotina, zinc y proteína se nota en el pelo.

Corta las puntas cada 2-3 meses: aunque crezca lento, recortar las puntas abiertas evita que la rotura ascienda por el tallo.

Suplementos: cuando el cuidado externo no llega

Cuando la sequedad es muy persistente, conviene apoyar el cuidado externo con suplementos orales específicos: biotina, zinc, L-cistina, vitaminas A, C, E, ácidos grasos esenciales. En la Farmacia Linneo tenemos una buena selección de complejos capilares de las mejores marcas (Pilexil, Pantogar, Lambdapil, Innéov) que aportan los nutrientes necesarios para que el folículo piloso fabrique cabello más sano desde la raíz.

Cuándo consultar al dermatólogo

Si la sequedad va acompañada de caída excesiva, picor intenso en el cuero cabelludo, descamación importante o el pelo se rompe en mechones enteros, no se trata solo de sequedad: puede haber un problema de fondo (alopecia, déficit de hierro, problemas tiroideos, dermatitis seborreica). En esos casos conviene una visita al dermatólogo para identificar la causa y ajustar el tratamiento.

Si quieres recuperar tu cabello y no sabes por dónde empezar, pásate por la Farmacia Linneo. Te diagnosticamos el tipo y el grado de sequedad, te diseñamos una rutina con champú, mascarilla, sérum y suplemento si hace falta, y te enseñamos a aplicarlos. En pocas semanas notarás la diferencia. Tu pelo está vivo en la raíz: lo que crece a partir de hoy puede ser muy distinto de lo que tienes ahora.

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