Pocas cosas estropean más unas vacaciones que un dolor de cabeza, una picadura mal curada, una indigestión imprevista o un pequeño corte que no se sabe cómo desinfectar. Y, sin embargo, es de las primeras cosas que olvidamos al preparar la maleta. Pensamos en los bañadores, en las camisetas, en el cargador del móvil, en el bocadillo del viaje... pero el botiquín de viaje queda relegado al último minuto, cuando ya no nos da tiempo a comprar nada. En esta entrada del blog de la Farmacia Linneo queremos ayudarte a preparar un botiquín completo, ligero y bien pensado que cabe en una pequeña bolsa de aseo y que puede salvarte unas vacaciones.
El botiquín básico universal
Hay un núcleo común que debería viajar contigo independientemente del destino. Lo divides en categorías y verás que ocupa poquísimo espacio:
Para el dolor y la fiebre: un blister de paracetamol 500 mg o 1 g (analgésico y antitérmico) y un blister de ibuprofeno 400 mg o 600 mg (antiinflamatorio + analgésico). Estos dos cubren prácticamente todos los dolores comunes (cabeza, muscular, dental, regla, dolor lumbar tras una mala postura en el avión) y permiten bajar fiebres. Si viajas con niños, sustituye o suma el paracetamol pediátrico en gotas o jarabe (Apiretal o Dalsy según el peso) y un termómetro digital pequeño.
Para alergias e irritaciones: un antihistamínico oral de nueva generación como cetirizina, loratadina o ebastina (un comprimido al día si surge una reacción alérgica imprevista: picaduras, contacto con polen, alimento sospechoso). Una crema antihistamínica o de hidrocortisona al 1% para aplicar localmente sobre la piel.
Para el aparato digestivo: un par de blísters de loperamida para diarreas agudas (especialmente útil si viajas a países cálidos con cambios bruscos de dieta), sales de rehidratación oral (Sueroral, Hidrosol o equivalentes), un antiácido tipo almagato u omeprazol para acideces, y un antiemético si eres propenso al mareo en transporte (Biodramina, Cinfamar).
Para heridas y curas: un pequeño botiquín con tiritas de varios tamaños (incluidas tiritas hidrocoloides para ampollas), gasas estériles (sobres individuales), esparadrapo hipoalergénico, antiséptico en monodosis (clorhexidina o povidona yodada en sobres), tijeras pequeñas redondeadas y pinzas para extraer espinas, púas o astillas. Una venda elástica para inmovilizar un tobillo torcido y una crema cicatrizante tipo Bepanthol o similar.
Para los ojos: un sobre o monodosis de suero fisiológico o lágrimas artificiales sin conservantes (útil para lavar arena, cloro o cuerpos extraños).
Para la piel: fotoprotector SPF 50+ (no negociable), after-sun con aloe vera, repelente de insectos con DEET al 30-50% o IR3535 según destino, crema antimosquito post-picadura (Afterbite o similar), y un bálsamo labial con SPF.
Adaptaciones por tipo de destino
Playa y zonas costeras: añade al kit básico una pomada para quemaduras solares (Furacin, Bepanthol+, calamina), antifúngicos en polvo para pies (los hongos prosperan en suelos de piscina y duchas comunitarias), tapones de oído para prevenir otitis del nadador, y gotas óticas con corticoide o vinagre diluido si eres propenso a otitis externa. Una pulsera antimareo de presión si planeas hacer paseos en barco.
Montaña y senderismo: añade antiampollas (Compeed o tiritas hidrocoloides Hansaplast), vendaje preventivo tipo Kinesio para rodillas o tobillos, analgésicos antiinflamatorios de uso tópico (Voltaren, Reflex), frío instantáneo (esos sobres que activas golpeando), silbato de emergencia y, si vas a alta montaña, considera un suplemento profiláctico de acetazolamida bajo prescripción médica para prevenir el mal agudo de montaña.
Países tropicales: consulta a la farmacia o al centro de medicina del viajero al menos seis u ocho semanas antes. Algunos destinos requieren vacunación (fiebre amarilla, hepatitis A, tifoidea) y otros profilaxis antipalúdica (atovacuona-proguanil, mefloquina, doxiciclina). Añade al botiquín una quinolona (ciprofloxacino o azitromicina) bajo prescripción para diarrea del viajero severa, sales de rehidratación oral en cantidad generosa, repelente de mosquitos con DEET al 50%, mosquitera si vas a zonas rurales, gel hidroalcohólico, pastillas para potabilizar agua si vas a zonas sin agua segura.
Países fríos / norte de Europa: añade crema labial muy nutritiva, crema barrera para manos y cara, suplemento de vitamina D si vas a estar en zonas con poca luz solar invernal, y un spray nasal de agua de mar para combatir la sequedad de las calefacciones.
Los olvidos más frecuentes
Quien más quien menos olvida algo cada vez que prepara la maleta. Los olvidos más castigados:
1) La medicación crónica. Si tomas medicación diaria (hipertensión, diabetes, anticoagulante, anticonceptivo, antidepresivo, tiroides, etc.), llévala en su envase original con el prospecto, lleva siempre doble cantidad de la que necesitas para los días de viaje por si pierdes maleta o se retrasan los vuelos, y guarda una copia del informe médico o de la receta en el móvil. Si vuelas, lleva la medicación en el equipaje de mano, no facturada.
2) Tarjeta sanitaria europea (TSE). Si viajas dentro de la UE, llévala (es gratuita y se pide online o en una oficina de la Seguridad Social) o asegúrate de tener un seguro de viaje con cobertura sanitaria. En destinos fuera de la UE, un seguro de viaje con cobertura médica suficiente es imprescindible: la atención sanitaria privada en EEUU, por ejemplo, puede costar miles de euros.
3) Anticonceptivos. Si tomas píldora, parche o anillo, calcula bien los días que durará el viaje y lleva un blister extra. Algunos anticonceptivos no son fáciles de encontrar en otros países o requieren receta médica local.
4) Documentación de vacunas. Llevar la cartilla internacional de vacunación es obligatorio en algunos países (aquellos que exigen fiebre amarilla, por ejemplo) y muy útil en cualquier caso si necesitas asistencia médica.
Niños y bebés: el botiquín a la medida
Si viajas con peques, el botiquín se duplica. Añade termómetro digital, paracetamol y/o ibuprofeno pediátrico en formulación líquida adecuada al peso (lleva la jeringa dosificadora), sueros de rehidratación con buen sabor, antiemético infantil si tu hijo se marea, una crema barrera para el culito con óxido de zinc por si las largas horas en silla de coche generan dermatitis del pañal, repelente apto para su edad (los <12 meses no llevan DEET), gel hidroalcohólico para las manitas, y unas pequeñas gafas de sol con filtro UV y un sombrero. Si el bebé es lactante, un par de chupetes de repuesto y los biberones esterilizados son una bendición.
El botiquín del coche
Aparte del de la maleta, el vehículo debe tener un botiquín específico (de hecho, es obligatorio en muchos países europeos). Triángulos, chaleco reflectante, agua, una pequeña linterna, gasas, vendas, esparadrapo, antiséptico, manta térmica y guantes desechables. Revísalo antes de emprender un viaje largo, especialmente la fecha de caducidad de los desinfectantes.
Antes de salir, pásate por la farmacia
Una visita de quince minutos a la Farmacia Linneo antes del viaje vale más que mil compras de último minuto en el aeropuerto. Cuéntanos a dónde vas, cuántos días, con quién viajas y qué actividades vas a hacer, y te montaremos un botiquín a medida con todo lo necesario y nada superfluo. Aprovecharemos para revisar caducidades de medicamentos que ya tienes en casa, sugerirte vacunas o profilaxis si el destino las requiere y dispensar todo en envases pequeños listos para meter en la maleta de mano.
Y recuerda: el botiquín no es para usarlo, es para no necesitarlo. Pero el día que aparece la picadura, el dolor de muelas o la indigestión, agradecerás haberlo metido. ¡Buen viaje!
